viernes, 6 de julio de 2018

Antropología. Taller de arte precolombino

Estuvimos trabajando con los alumnos de 4º A, el arte de los pueblos originarios y aprendieron la técnica del arte textil- que como decía en otra entrada- que es y fue tan importante en América. Trabajaron además con intervención de objetos de reciclado y la estampa de motivos de la cultura de La Aguada y Belén, del norte argentino. Estos son algunos de los trabajos:







Telar grupal


Les dejo dos links muy interesantes para que se informen sobre este arte milenario. Existe un museo , el CAAT (Centro Argentino de Arte Textil , Link:  CCAT) que se puede visitar personal y virtualmente. Les recomiendo la exposición de minitelares en los que ademas de hilo, lana y otros textiles se incluye el papel.
Y les dejo el link de una exposición que comienza mañana 05/07/2018 sobre el poncho en el Senado.
Muestra sobre el poncho
Espero que hayan aprendido  ( y se hayan divertido) y que me traigan las muestras- salvo que las quieran de recuerdo- para ver qué podemos confeccionar con ellas.

Antropología 4º . Textos de opinión.


“La brecha de género en materia laboral”*

8 mayo 2018

Agregar copete o síntesis del artículo. 

Uno de los objetivos esenciales del movimiento por la igualdad entre hombres y mujeres -lo que podemos denominar feminismo– es acabar con la brecha de género en el mercado laboral. O, siendo aún más precisos, con la brecha de género laboral, que afecta a las mujeres. Esta brecha se refiere en primer lugar al salario, pero incluye también otros aspectos importantes, como el mayor desempleo, la mayor temporalidad, el mayor trabajo a tiempo parcial (involuntario) o la mayor sobrecualificación (en relación con el puesto de trabajo) que soportan las trabajadoras.
Desde que en 1792 Mary Wollstonecraft abogara en su obra “Los Derechos de la Mujer” por los derechos fundamentales de las mujeres y particularmente por el derecho a la educación, el mundo ha cambiado mucho. Por ejemplo, en España, las mujeres menores de 50 años tienen ya un nivel educativo superior al de los hombres de su generación. Según el estudio de 2016 de Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) sobre la brecha de género en el mercado laboral español, el 67% de las mujeres de entre 20 y 50 años han completado la educación secundaria frente al 58% de los hombres. Por lo que se refiere a los estudios universitarios la “brecha educativa” a favor de ellas es del 43% frente al 36%. Y lo más significativo es que la brecha se ensancha en las generaciones más jóvenes: hasta 13 puntos en educación universitaria y 12 en secundaria. La repetición de cursos o su secuela, el abandono escolar temprano es, sobre todo, cosa de hombres.
Lo interesante es que este tipo de estudios también muestra que la brecha laboral de género, y muy en particular la brecha salarial de género, no existe prácticamente antes de la maternidad. Y decimos maternidad porque tener hijos no supone coste profesional alguno para los padres. Es un problema de las madres que además se prolonga a lo largo de toda su vida profesional. De ahí que las políticas tendientes a la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad, siendo desde luego muy deseables, tengan un impacto relativamente pequeño para resolver esta situación en comparación con otras medidas como la extensión de la educación infantil para menores de 3 años o el cheque bebé. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera en un informe de 2016 que si no se actúa sobre esta situación ahora, la brecha salarial de género puede tardar más de 70 años en cerrarse. Es demasiado tiempo.
Lógicamente, esta brecha de género está muy relacionada con el papel de las mujeres en el entorno familiar. Las mujeres, en nuestra sociedad, son las cuidadoras por antonomasia. En España, las mujeres todavía viven en un tipo de familia más tradicional que en otros países de la UE: las parejas con hijos siguen siendo el tipo de familia más numeroso (el 30,38% de los hogares) seguidas de cerca por las parejas sin hijos (el 29,89% ). La diferencia entre el tiempo que ellas y ellos dedican a las tareas domésticas, en particular en familias con hijos, es muy relevante: más de 2 horas al día. Es difícil que no tenga un impacto directo sobre el mercado laboral. Dicho de otra forma, los empleadores esperan que sean las mujeres las que se dediquen a estas tareas y actúan en consecuencia, bien adoptando la figura del empresario paternalista que no quiere sobrecargar a las madres con tareas y responsabilidades o bien la del empresario hostil que prefiere no tener madres trabajadoras. Lo interesante es que, en ambos casos, las consecuencias son igualmente desfavorables: las madres tienen menos posibilidades de ser contratadas y de alcanzar promociones profesionales o salariales. El carril para madres no lleva muy lejos profesionalmente. La evidencia está ahí: según el estudio de FEDEA casi el 70% de las horas dedicadas al trabajo doméstico no remunerado en España lo realizan ellas.
Ocurre también que las mujeres nos hemos incorporado masivamente al mercado laboral en relativamente poco tiempo. Si en 1985 trabajaba fuera del hogar el 35% de las mujeres en edad de hacerlo ahora es el 68%, por encima de la media europea. En muchas profesiones ya son mayoría. Por ejemplo, el 62% de los candidatos que se acaban de examinar del MIR son mujeres [El examen MIR es una prueba de evaluación para acceder a la formación de especialistas médicos en España].

¿Pero es un problema social o privado? ¿No es mejor dejar a individuos y parejas que se organicen y alcancen los equilibrios que tengan por oportuno? A mi juicio la contestación es clara: No es un problema privado que tienen que solucionar las mujeres con sus parejas. Es un problema social de primera magnitud. Las mujeres jóvenes han recibido igual o mejor educación que sus compañeros y tienen las mismas aspiraciones profesionales. Quizás la novedad es que ya son plenamente conscientes de que no hay ninguna razón para conformarse con esta situación. No es justo que el coste profesional y personal de tener hijos lo soporten sólo las mujeres, al menos mientras la sociedad considere que tener hijos es deseable para el futuro de un país.
Pero hay más; estamos ante un problema social no solo por el problema demográfico que supone que muchas mujeres renuncien a la maternidad por su elevado coste sino también porque se trata de una cuestión de justicia y de igualdad de oportunidades. Y[también constituye][…] un problema económico: no nos podemos permitir en sociedades tan competitivas como las nuestras desperdiciar el talento de la mitad de la población. No sólo eso: hay más ventajas de la incorporación de las mujeres a los procesos de toma de decisiones o a los denominados “grupos dominantes”. Como explica la historiadora Mary Beard en su ensayo “Mujeres y Poder” lo que nos estamos perdiendo es una forma distinta de entender el poder más adecuada a la modernidad: un poder entendido menos como liderazgo y como posesión que lleva aparejado un reconocimiento social y más como atributo, como colaboración y como herramienta para cambiar el mundo.
Lo que está claro en todo caso, es que hay que ensayar cuanto antes nuevas políticas. El diagnóstico ya está hecho pero, como sucede con cualquier problema complejo no hay soluciones sencillas. No es fácil encontrar la fórmula mágica que permita a las mujeres tenerlo todo, es decir, tener lo mismo que los hombres con hijos. Son imprescindibles muchas medidas, incluidas las citadas, permisos de paternidad y maternidad equiparables y largos, educación infantil, flexibilidad de horarios, ayudas por hijos, transparencia en las retribuciones… Y a largo plazo la educación es esencial. Pero a corto plazo hay que hacer más: algunas o todas estas medidas ya existen en muchos países y no parece que la situación laboral de las mujeres haya mejorado sustancialmente. Es más, las políticas orientadas a las mujeres con hijos -por ejemplo reducciones de jornada o contratos a tiempo parcial- pueden empeorar su situación profesional. Puede ser más razonable poner en marcha medidas que supongan equiparar el coste que tiene para el empleador contratar a padres y madres.
Por último, debemos hablar del famoso techo de cristal que afecta a las mujeres trabajadoras y que como bien resume la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie en su ensayo “Todos Deberíamos ser Feministas” consiste en que cuanto más arriba, menos mujeres, incluso en sectores donde son mayoría. Pensemos -sólo en el sector público- en el número de juezas en relación con el número de magistradas del Tribunal Supremo, el de médicas en relación con el de gerentes de hospitales o el de profesoras en relación con catedráticos o rectores.
Así las cosas, quizás va siendo hora de arriesgar un poco. En mi opinión, una de las medidas más razonables es tratar de introducir cambios en los sesgos inconscientes de los denominados grupos dominantes. La psicología lleva tiempo explicando que nuestras conductas son sistemática y predeciblemente mucho más irracionales de lo que pensamos, siendo los sesgos cognitivos una prueba del pensamiento automático y rápido que sustituye al más lento y racional. Son esos sesgos los que explican -en un famoso experimento realizado entre estudiantes de una prestigiosa universidad americana- que la misma persona sea evaluada de forma mucho más negativa si se le pone un nombre femenino que si lleva un nombre masculino. O que algunas orquestas solo empezaran a contratar mujeres cuando los examinadores desconocían si el músico al que escuchaban detrás de una cortina era hombre o mujer. La razón de esta discriminación se fundamenta en que los seres humanos valoramos sistemáticamente mejor a los miembros de un grupo dominante que a los que no lo son. Y, hoy por hoy, el grupo dominante es de hombres.
Efectivamente, mientras que a los miembros del grupo dominante se les evalúa por su potencial a los que no forman parte del grupo se les evalúa por sus logros. Mientras que a los primeros se les atribuyen fácilmente todo tipo de éxitos, propios y ajenos, a los segundos se les regatean, atribuyéndose a cualquier factor externo antes que a sus capacidades. Dicho de otra forma, el buen hacer de las mujeres es sistemáticamente subestimado mientras que el de los hombres es sistemáticamente sobrevalorado. Y lo más interesante es que los miembros de uno y otro grupo también reaccionan así. Por eso no es casualidad que ellas suelan ser más autoexigentes: saben que tienen que demostrar su valía.
¿Cómo cambiar estos sesgos? La fórmula más sencilla es cambiar la composición del grupo dominante. Una forma rápida es con la imposición transitoria y transparente de cuotas de género en los órganos de gobierno de empresas e instituciones. El ejemplo de Italia, Noruega, Francia o Alemania marca el camino. Se trata de incorporar talento femenino que de otra forma no va a alcanzar estas posiciones de poder. Y de paso, aportar no sólo mayor diversidad sino también mayor profesionalidad, formación y juventud a muchos consejos. No parece que como sociedad haya nada que perder y sí mucho que ganar. En el peor de los casos, tendremos mujeres corrientes en lugar de hombres corrientes. En el mejor, tendremos mujeres valiosas en lugar de hombres corrientes. Y lo más importante: tendremos una sociedad más justa y mejor. Por eso todos, hombres y mujeres, deberíamos ser feministas.

*Artículo  “Feminismo en el Siglo XXI”, de Elisa de la Nuez. Diario El Mundo (España), del 7 de marzo de 2018.
Elisa de la Nuez es coeditora de ¿Hay derecho? y miembro del consejo editorial de EL MUNDO.

Algunas preguntas para trabajar con los alumnos en trabajos prácticos referidos a la brecha de género laboral…
¿Qué problemas incluye la llamada “brecha de género en el mercado laboral”?
¿Esos mismos problemas que el artículo describe para España, lo son también para la Argentina? Para esta pregunta, sugerimos reflexionar con los alumnos sobre la realidad laboral concreta de sus referentes familiares o afines.
¿En qué consiste propiamente el problema de la “sobrecalificación” de las mujeres y por qué significa una discriminación hacia ellas? La idea aquí es destacar la inequidad de que con mayor formación, ellas alcanzan puestos menores.
¿Por qué la maternidad es “un problema” para la carrera laboral y profesional de las mujeres?
¿Por qué las políticas de igualación para hombres y mujeres de los permisos o licencias por nacimiento no son una medida del todo eficaz?
¿Qué políticas laborales serían más eficaces entonces para neutralizar las consecuencias de la maternidad en relación con el trabajo? En este punto, nos parece interesante reflexionar sobre qué del fenómeno de la maternidad es divisible entre hombres y mujeres. Seguramente esto nos permitirá discernir medidas que tiendan a compartir las obligaciones inherentes a la crianza de los hijos, de otras que tiendan a quitar el efecto perjudicial de ciertos aspectos de la maternidad que recaen necesariamente sobre la mujer, como el hecho biológico del embarazo y también del parto o la lactancia materna. Esto requiere de creatividad, imaginación del empleador y leyes modernas para pensar soluciones. Un buen ejercicio práctico para los profesores es inducir a los alumnos (ellas y ellos) a imaginar soluciones posibles para equiparar los costos laborales de la maternidad y paternidad, para que no haya discriminación a favor de los hombres y en contra de las mujeres.
Volviendo a la igualación de las licencias por maternidad y paternidad, ¿creen que en la Argentina hay verdadera conciencia de su razón de ser? Es decir, ¿para qué piensan los hombres que la ley les concedería una licencia mayor?, ¿entienden que lo es para compartir con la madre la responsabilidad del cuidado del recién nacido -apréciese que nos estamos hablando del mero “dar una mano” o “ayudar”- ?¿Por qué la verdadera solución de fondo es una modificación sustancial en la concepción social sobre la estereotipada asignación de tareas en la familia?, ¿se nota algún nuevo acuerdo sobre este punto de compartir las obligaciones domésticas y la crianza en las parejas más jóvenes, por ejemplo?, ¿Hay o no diferencias entre las distintas clases sociales con respecto a este tema?¿Qué fenómeno describe la autora cuando refiere al “sesgo en favor de los grupos dominantes” y por qué ese fenómeno es perjudicial hacia las mujeres?
La propuesta de considerar los currículums sin indicación de sexo, ¿es una medida eficaz para sortear ese sesgo inconsciente que se ha comprobado que existe en favor de los grupos dominantes?





















































miércoles, 4 de julio de 2018

Antropología. Anticoncepción


Anticoncepción, ¿cosa de mujeres?

Agregar copete:


22 mayo 2018
“El papel de los varones en la anticoncepción es prácticamente nulo”, afirma Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), y agrega: “Es una responsabilidad que en la Argentina pareciera estar reservada a las mujeres”. Bianco no se refiere en esta caso a la tradicional reticencia del varón argentino a recurrir al preservativo, sino a los métodos anticonceptivos denominados permanentes y, más precisamente, a su uso en el contexto de parejas que por distintas razones deciden dar por cerrada la búsqueda de un hijo.
[Un tema preocupante en esta problemática y que el autor del artículo (seguramente por ser hombre) soslaya rápidamente es que de todos los métodos anticonceptivos disponibles en la actualidad y que no sean invasivos como la vasectomía y la ligadura de trompas, el preservativo es el más seguro, el más barato y justamente el más despreciado por los hombres al momento de elegir un sistema de anticoncepción. Además de que su uso es visible y por lo tanto consensuado entre ambos, y del cual no puede haber olvidos femeninos, como el caso de recordar todos los días de tomar una pastilla anticonceptiva que además trabaja  y regula o “desregula” el sistema hormonal femenino con todas las consecuencias conocidas o aún no investigadas sobre la salud de la mujer. Todo esto remite a un tema fundamental: la responsabilidad por el acto a realizar y la consecuente prevención es una tarea de a dos, en la que el hombre tiene la responsabilidad asumida de cuidarse él y de cuidar a su pareja. El cuidado del otro no es un atributo solamente femenino.]
Pero todos los métodos anticonceptivos más utilizados y recomendados , ya sea la operación de ligadura, el DIU o las píldoras anticonceptivas son aquellos en que las mujeres deben poner su cuerpo., y todos ellos traen consecuencias para el cuerpo de la mujer porque no son inocuos, son netamente invasivos y ponen en riesgo algunos aspectos de la salud de las usuarias. Pero aún así siguen siendo los más usados.
Este cuadro que acá pintamos revela la despreocupación,  la ignorancia o la profunda concepción cultural y machista que maneja la sociedad argentina en general, sin distinción ni de clases, ni de nivel socioeconómico, ni educativo. Las consecuencias de utilizar métodos no seguros quedan así en manos de uno solo de los miembros de la pareja,  que por ende resultará en su momento la “responsable” de no haber actuado correctamente. Y a quien nuestra sociedad hace llevar toda la carga de un embarazo no deseado.
Queda bien en claro, entonces la responsabilidad que tenemos los educadores dentro de la formación de las generaciones que nos sucederán en temas que necesitan de la defensa de los derechos tanto de las mujeres como la de los hombres. Asumir responsabilidades es la contrapartida de tener los derechos].
[Compartimos con el autor la necesidad de destacar que el tema del artículo no implica soslayar la importancia del preservativo como principal dispositivo no solamente anticonceptivo, sino además preventivo del contagio de las enfermedades de transmisión sexual. Sugerimos por otro lado, tener en cuenta nuestra publicación anterior “La brecha de género en materia laboral“, en la parte en que refiere a la planificación familiar y los acuerdos de pareja como solución de fondo a la discriminación de la mujer en el mundo del trabajo.]
Las cifras al respecto son elocuentes: en 2016 se realizaron en establecimientos públicos solo 97 vasectomías contra 12.976 ligaduras de trompas de Falopio (o ligaduras tubarias), según refieren las estadísticas del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable de la Argentina. Los números locales contrastan con los de otros países como España, por ejemplo, donde la proporción de las intervenciones quirúrgicas de anticoncepción que se realizan en el varón es cada vez mayor. Actualmente, según la Sociedad Española de Anticoncepción, las vasectomías representan el 54% de esas intervenciones en España (contra un 46% de ligaduras tubarias). Solo en los Estados Unidos, más de 500.000 varones recurren a este método anticonceptivo permanente cada año.

“En la Argentina, uno de los motivos por el cual encontramos una ínfima proporción de vasectomías es cultural”, comentó Santiago Brugo Olmedo, especialista en medicina reproductiva y director médico de Seremas. “Tradicionalmente, la carga de la anticoncepción está puesta en la mujer, dejando en evidencia una mirada profundamente machista del tema. Esta diferencia de género se da también en la elección del método contraceptivo, escogiendo la manera más compleja en lugar de la más sencilla, por un motivo sexista”, agregó el especialista que advirtió que entre la vasectomía y la ligadura de trompas existen notorias diferencias en cuanto a la complejidad de los procedimientos.
Similitudes y diferencias
La vasectomía y la ligadura de trompas comparten no solo el hecho de ser métodos anticonceptivos con una tasa de efectividad superior al 99%, sino que en la Argentina ambos procedimientos deben ser realizados en forma gratuita a toda persona mayor de 18 años que lo solicite, según lo establece la ley nacional N° 26.130 de contracepción quirúrgica, sancionada en 2006.
La diferencia, en todo caso, radica en el grado de complejidad de los procedimientos. “Mientras que la ligadura se realiza dentro del abdomen de la mujer, para lo cual el cirujano debe hacer una laparoscopía, la vasectomía es una intervención prácticamente superficial, que no requiere más una pequeña incisión en el escroto y que se puede hacer con anestesia local”, explicó Brugo Olmedo.
[Aquí aparece claramente el hecho de que a igualdad de resultados, se sigue perjudicando a la mujer, que es a quien se expone a una intervención todavía más invasiva que la del hombre. ¿Será que así como la procreación y la crianza son vistas como una responsabilidad eminentemente femenina, también lo es la decisión de no tener hijos? Creemos que es un punto sumamente interesante para trabajar con los alumnos]
El problema, señaló Bianco, “es que a la falta de percepción del derecho reproductivo del varón en la Argentina, que pone en la mujer el cuidado de la reproducción, se suma al desconocimiento de lo que es una vasectomía por parte de los varones y a los mitos que hay en torno a este procedimiento”. La lista de estos mitos incluye desde una supuesta modificación del aspecto genital hasta la pérdida de potencia sexual como resultados de la vasectomía, todas creencias populares sin fundamento científico.
“Al realizar una vasectomía, el volumen del semen no sufre ningún cambio y tampoco hay problemas sexuales, porque la intervención no afecta ni la erección ni el deseo sexual”, explicó Brugo Olmedo, que recordó que la vasectomía “tampoco disminuye el riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual”, por lo que sigue siendo necesario para ello el uso de preservativo.
Otro aspecto que comparten las vasectomías con las ligaduras de trompas es que se trata de procedimientos en los que es muy difícil su reversión quirúrgica, pero en los que tanto varones como mujeres pueden -si lo desean, lo que es habitual cuando forman nuevas parejas- recuperar la capacidad de concebir con sus propios espermatozoides y óvulos (respectivamente) mediante tratamientos de fertilización asistida.
El desconocimiento al respecto es hoy la barrera, concluyó Bianco: “Es lógico que sea muy pequeño el número de hombres que eligen realizarse una vasectomía en la Argentina, si nadie habla de ello, ni el Gobierno ni las distintas organizaciones que trabajan en el tema”.
[A este respecto, ¿hay suficientes mujeres en el sistema de salud para atender con mirada femenina el acompañamiento de mujeres y parejas en un aspecto tan importante de la salud personal y de pareja?]
*Artículo “Anticoncepción, ¿cosa de mujeres?”, de Sebastián A. Ríos. Diario La Nación (Argentina), del sábado 12 de mayo de 2018. Las cursivas entre corchetes son nuestras.




Antropología. Artículos de opinión sobre estereotipos et al

Les dejo copia de los dos artículos que leímos hasta ahora. Vayan releyéndolos porque cuando volvamos de las vacaciones van a tener una evaluación escrita sobre ellos.
El primero que publico tiene el copete; al segundo , tienen que agregárselo UDS.


Bañxs de Damxs y Caballerxs
La igualdad entre el hombre y la mujer no debe significar nuevas violencias

Tiempo atrás, la prensa nacional reprodujo el caso de los baños “sin distinción de género” de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA: espacios unisex donde conviven sin separaciones mingitorios expuestos y cubículos con inodoros. La cosa nos motivó a reflexionar sobre la versión argentina de ciertos fenómenos globales, en este caso, el de los baños mixtos; y sobre cómo detrás de una aparente evolución puede haber en realidad diversas formas de violencia que nos devuelven otra vez al principio (o bastante cerca del principio).
Cada vez en más lugares del mundo se ve que los baños no tienen indicación de género. Esto surgió sobre todo para evitar la discriminación que esa taxonomía podía significar para personas que no se definen a sí mismas según la clasificación tradicional de “hombres” y “mujeres”.
Entonces, o a un mismo cuarto de baño cerrado podemos acceder a nuestro turno, tanto hombres como mujeres; o igual con una hilera de cubículos, también cerrados, que comparten por lo general la zona común del lavabo y los espejos. Hasta aquí, ningún problema y avanzamos en inclusión y respeto a las diferencia.
La propuesta de la FADU es más radical, porque como se ve en las fotos que ilustran estas reflexiones, se trata de baños con urinarios expuestos, que pueden usar todas las personas al mismo tiempo.
¿Significa esto una auténtica inclusión y la superación de prejuicios atávicos sin fundamento? Creemos que no.
El punto en este debate no es ya el género o el sexo de quienes entran al baño, sino su privacidad.
¿Por qué perder intimidad significaría ganar en inclusión?, porque si analizamos finamente, esa sería en definitiva la propuesta, aunque sus autores no se la hayan planteado de ese modo. Y los autores  son nada más y nada menos que los responsables de la Unidad de Género de una facultad dedicada a la construcción y a la funcionalidad humana de lo que se construye. Acaso, ¿no deberían  habérselo planteado?
La intimidad es un derecho de las personas, como seres humanos, antes de cualquier consideración de género.
Si extremamos el argumento para que se vea más claro, ¿qué diferencia hay entre un baño para todos juntos al mismo tiempo y la ausencia de baños? Total, a falta de intimidad da lo mismo cualquier lado y frente a cualquiera…
Por lo demás, pensar que el amontonamiento borra de un plumazo las diferencias, es un modo precario de encarar el asunto, y en ningún caso significa resolverlo. Las diferencias existen, y el desafío es vivirlas naturalmente, sin construir sobre su excusa divisiones artificiales que promuevan sometimientos.
¿No es esencialmente violento empujar a los hombres a orinar a la vista de las mujeres, o a las mujeres a ver a los hombres orinar?
Clarín, que hizo su propio relevamiento sobre la utilización del nuevo espacio para sus crónicas sobre el tema, detectó que “mientras 30 varones fueron al baño exclusivo para ellos, 7 fueron al que no distingue géneros. En el mismo lapso, 48 mujeres fueron a su baño exclusivo y diez usaron el recientemente implementado”. Sorprende que casi no hay diferencias entre hombres y mujeres sobre el punto: solamente el 19% de ellos y el 17% de ellas optaron por la novedad. No pensamos que sea nada más que por “falta de costumbre”.
Queda todavía una cosa más, circunstancial pero importante: en una sociedad aún enferma de violencia de género como la nuestra, ¿podemos pensar que las mujeres estén más seguras en baños como los de la FADU? El precio de la inclusión sería ya no solo la exposición, también la vulnerabilidad.
La cuestión de los baños y los géneros viene, decíamos al comienzo, dando que hablar en todo el mundo. En Ámsterdam, por ejemplo, una joven fue multada por usar un baño público para hombres.
Hay un detalle: en esa ciudad holandesa hay 35 baños públicos para hombres y solamente 4 para mujeres. ¿No es otra forma de violencia?
Holanda es marca de vanguardia y a veces la vanguardia no es lineal, ni pura evolución, como decíamos al principio sobre la Argentina y la FADU: a juzgar por las fotos que compartimos de los urinarios públicos de Ámsterdam, ¿no sería mejor más cubículos unisex?
Nos parece que propondrían una solución menos violenta: porque no forzaría a las mujeres en relación con los hombres en cuanto al número de baños disponibles; porque atendería mejor su mayor necesidad fisiológica de utilizarlos, porque evitaría injusticias como las de este caso: una multa por el atajo a un servicio que no se presta; y porque, por supuesto, permitiría que cada quien atienda sus necesidades en privacidad sin la doble violencia que se impone al que debe ser visto y al que debe ver.
El cubículo es una obra de ingeniería para ser escondido, ¡justamente cuando nadie lo está usando!

*”La intimidad compartida. Crece la tendencia de los baños unisex en bares, empresas y universidades”, por Julieta Roffo, para Clarín del 2 de septiembre de 2017.
*Fotos de Lucia Merle (FADU) y http://tengasepresente.blogspot.com.ar y https://www.nopuedocreer.com (Ámsterdam)
*”Urinarios para todos en las calles de Ámsterdam”, por Isabel Ferrer, para El País del 27 de septiembre de 2017
La agenda de género en el mundo: el capítulo británico
19 febrero 2018

 Recuerden que pueden entrar a ver las fotos en el link que aparece en el artículo

miércoles, 27 de junio de 2018

Antropología: arte precolombino

Arte precolombino
Arte textil
En América, particularmente en el área Andina, los textiles fueron una de las tecnologías más importantes y finamente desarrolladas por las distintas culturas, dando lugar a una de las tradiciones textiles más ricas del mundo. Las condiciones desérticas de la costa y el altiplano andino, especialmente, han sido factores determinantes en la conservación de una gran parte de esta frágil artesanía, con registros que se remontan a 8000 años en algunas regiones. La relevancia cultural que alcanzaron los textiles en los Andes precolombinos se debe a que se les usó como soporte para la representación de identidad, jerarquías sociales y estados civiles, como medio de tributo y como símbolo de prestigio social. Prueba de ello son los textiles hechos en telar.  Los más antiguos conocidos para esta área, provenientes del sitio arqueológico costero de Huaca Prieta, localizado en el valle de Chicama, en el norte peruano. Este conjunto de textiles, fechado entre los años 3000 y 2200 a.C., muestra representaciones de animales, felinos, serpientes y cóndores, además de imágenes antropomorfas y otras no identificadas, realizadas con hilos de diversos colores naturales y artificiales. Estas imágenes siguen estando presentes en la iconografía andina por los siguientes 4000 años, dando origen a la tradición textil andina y demostrando que, desde esa época, los tejidos constituían el medio predilecto para la expresión artística y religiosa. Fueron fabricados con fibras vegetales y con algodón, este último cultivado muy tempranamente en la costa peruana. La lana de camélidos comenzó a utilizarse bastante después.
En el link siguiente se muestran ejemplos de textil andino y su relación con el poder.

El arte de teñir con tinturas naturales. 
Inta. Link
Museo chileno de arte precolombino
Máscara funeraria

Instrumentos musicales y danzas
Ocarina
Quena
Exposición de instrumentos precolombinos


viernes, 15 de junio de 2018

Concurso de fotografía

Concurso de fotografía

Quiero que nos organicemos para llevar a cabo este concurso. Sería fantástico que pudieramos enviarlos pero si no, lo hacemos interno.

Vemos la presentación en clase y hablamos.

martes, 12 de junio de 2018

Palabras de despedida para Mariano

Te despido con fragmentos de poemas porque es muy difícil decir algo más.

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Y con palabras del poeta que más quiero, te las regalo- porque las comparto-, dondequiera que estés.

ELEGIA A RAMÓN SIJÉ
.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
…
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

Miguel Hernández
Te despido . 
Mariana